Alternar vacas y cultivos, lograr altos rendimientos de animales por hectárea y mejorar el suelo con sustentabilidad: una propuesta del INTA para agricultores pampeanos con planteos ganaderos.

Saber rotar para no marearse

Investigaciones del INTA Venado Tuerto –Santa Fe– demostraron que, al integrar la producción agrícola y la ganadería pastoril, lograron aumentar la carga animal por hectárea, obtener carne de buena calidad, mejorar las propiedades físicas-químicas del suelo y multiplicar los rindes de soja y maíz. Se trata de la cría bovina intensiva (CBI), es decir, incluir a las vacas en la zona núcleo maicera-sojera, un ejemplo interesante de eficiencia económica y biológica.

“El desafío es expresar el potencial productivo de los rodeos de cría en ambientes netamente agrícolas”, señaló Martín Correa Luna, referente regional en esta temática y organizador de las III Jornadas Internacionales de Actualización Ganadera para la Pampa Húmeda, que se realizarán el 28 y 29 de agosto en la ciudad de Firmat –Santa Fe–. Junto al INTA, el Ministerio de la Producción provincial y la Facultad de Ciencias Veterinarias (UNR) están al frente de esta tercera edición de las jornadas, que ya convocaron a más de 500 productores ganaderos y profesionales de las ciencias agropecuarias.

“El planteo es simple”, asegura Correa Luna y explica: “A los rastrojos que dejan el maíz y la soja se suman pasturas base alfalfa. Esto permite mantener una carga de cinco vacas por hectárea durante primavera-verano y más de una cabeza sobre los rastrojos de cosecha gruesa en otoño-invierno”.

Así, en los mejores ambientes se logra una producción mixta y sustentable mediante la maximización de la carga animal, el aumento en la producción de terneros por vaca y por hectárea a bajo costo y un manejo conservacionista del suelo en una agricultura de altos rendimientos, detalló Correa Luna.

Con la base en la rotación, el esquema productivo incluye agricultura en un 80% y pasturas para ganadería en un 20%. En este sentido, es importante el manejo de parcelas con cercos eléctricos para manejar la superficie de pastura asignada y respetar los momentos de descanso.

Correa Luna: Con la base en la rotación, el esquema productivo incluye agricultura en un 80% y pasturas para ganadería en un 20%.

Un caso del Sur santafesino

El pastoreo, la asignación forrajera y los períodos de descanso de las pasturas son fundamentales para asegurar altas cargas: hasta seis cabezas por hectárea con un promedio de 20.000 toneladas de materia seca al año. “Con prácticas de manejo se logra aumentar la productividad y se conserva la biodiversidad”, indicó el especialista del INTA.

“Las vacas de cría son cosechadoras de materia seca que la transforman en contenedores de carne llamados terneros”, dijo Raúl Blúa, propietario del establecimiento mixto “El Casco” de Chañar Ladeado –Sur de Santa Fe–. “Como productor”, completó, “busco sumar kilos de carne y, para esto, es importante manejar la cría de manera profesional y destinar buenos lotes y pasto”.

De acuerdo con el productor, ese manejo incluye salud, nutrición y genética. “Sabemos que la dieta de las vacas debe ser equilibrada durante todo el ciclo, por esto es necesario cubrir el déficit forrajero invernal”, agregó.

En su establecimiento, Blúa logró aumentar los rindes en maíz y soja, además de llegar a seis cabezas por hectáreas: “Este esquema aporta estabilidad al sistema –en años secos se mantiene la producción y rentabilidad–, además de bajar los riesgos de la producción”.

Ensayos del INTA determinaron que es posible incrementar la carga durante el invierno con una siembra temprana de avena sobre la mitad de la superficie en soja: “Esto aumenta el valor nutricional y la disponibilidad forrajera”, indicó Correa Luna, para quien se deben utilizar los rastrojos de cosecha: “Que las vacas coman las espigas que se pierden, las chalas, marlos, hojas y los residuos agrícolas de la soja. Es una opción para complementar la dieta durante el período invernal”.

Esta actividad requiere atención durante todo el año, demanda mano de obra rural y permite aumentar los puestos de trabajo y el arraigo en el campo. Por esto el técnico del INTA Venado Tuerto se refirió a este paradigma como “campos vivos”, debido a que se vive y trabaja durante todo el año en los establecimientos.