Su implementación ayuda a conservar y recuperar la productividad de las tierras agrícolas, aportan a la mejora de la fertilidad y humedad del suelo.

Cultivos de cobertura: los nutrientes que el suelo necesita
 

La inclusión de cultivos de cobertura –Avena sativa y Vicia sativa o villosa– en sistemas de producción agrícola, aparece como una alternativa tecnológica que podría mejorar las propiedades físicas del suelo, equilibrar el balance de carbono e incrementar significativamente la fertilidad, además de favorecer la eficiencia de uso del agua.

Los cultivos de cobertura aumentan el aporte de carbono, disminuyen la pérdida de nitratos y permiten mantener elevadas tasas de infiltración del agua de lluvia. “Más cobertura disponible disminuye la amplitud térmica del suelo, lo que se traduce en menos pérdida de agua por evaporación”, explicó la especialista.

Ensayos realizados en el Sur de Santa Fe, sobre un suelo con 25 años de agricultura contínua, determinaron que la supresión del crecimiento de los cultivos de cobertura durante las etapas reproductivas de floración e inicios de fructificación –mediante la aplicación de herbicidas–, permitieron incrementar 233% su producción de materia seca.

“En soja sembrada sobre cultivos de cobertura, se registraron incrementos en la producción de hasta 315 kilogramos por hectárea”, expresó Julia Capurro, del INTA Cañada de Gómez –Santa Fe–, para quien “el alargamiento del ciclo de crecimiento de los cultivos de cobertura, produjo incrementos significativos en la producción de materia seca”.

Según Capurro, los resultados sitúan a la avena y a la vicia como una alternativa de manejo con efectos positivos para el suelo debido a que el aporte de grandes volúmenes de materia seca se transformará en materia orgánica –rica en nutrientes–.

La soja aporta un rastrojo con nitrógeno que se descompone rápidamente y deja una cobertura muy escasa sobre la superficie del suelo. Esta falta de residuos vegetales afecta sus características estructurales, “son suelos que se compactan con mayor facilidad y la menor cantidad de raíces en comparación con los cultivos de gramíneas como trigo y maíz genera menor cantidad de bioporos, impide la infiltración de agua y limita el crecimiento de las raíces”, señaló Capurro.

“Determinar el momento conveniente para la supresión del crecimiento de los cultivos de cobertura es un aspecto relevante”, indicó la técnica del INTA Cañada de Gómez, quien además aseguró que el momento de secado se determinará por la capacidad de acumulación de materia seca y el consumo de agua del suelo, sin descuidar la fecha de siembra del cultivo estival para no perjudicar su potencial de rendimiento.

Por esto, como refleja el ensayo, la incorporación de cultivos de cobertura es una alternativa para incrementar el aporte de residuos en sistemas de agricultura continua con alta participación de soja.