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Información para Productores y Semilleros

 
 

CIMMYT (Centro Internacional para Mejoramiento de Maíz y Trigo)

El resurgimiento del trigo en Ecuador

 
CIMMYT

Con la firme determinación de proteger a sus consumidores de la volatilidad del precio de los alimentos, el gobierno ecuatoriano invierte en investigación destinada a dar impulso a la agricultura. La inversión incluye un vigoroso programa para restaurar la producción de trigo y reducir su dependencia del grano importado.

La fina ironía de estar celebrando un festival para liberar una variedad de trigo tolerante a sequía, después de varios días de intensa lluvia (inusitada en esa época del año) no escapó a la atención de Esteban Falconí y Jorge Coronel del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIAP) del Ecuador. No se podían imaginar una demostración más apropiada del “clima loco” que ha surgido en los últimos años y que ha alterado los antiguos patrones climáticos que regían la temporada de cultivo.

Días antes del lanzamiento de la variedad, el 15 de julio, en Saraguro, Provincia de Loja, Falconí, líder del programa de cereales del INIAP, y Coronel, que dirige el trabajo del programa en la zona sur del Ecuador, estaban preocupados por las consecuencias del mal tiempo, por las que ya eran evidentes y por las que podrían producirse. En la temporada de cosecha, cuando el cielo suele estar despejado y hacer mucho calor, el clima amenazaba con arruinar el grano de las parcelas experimentales y malograr la cosecha de trigo, cebada y otros cultivos que siembran los agricultores. La lluvia también imponía un obstáculo para la ceremonia de lanzamiento que el INIAP había planeado con tanto esmero.

Dr. Hugo VivarUn tributo póstumo

Esta vez, dejando un poco de lado la costumbre de bautizar a sus variedades con los nombres de las montañas más altas del Ecuador, a la variedad de más reciente liberación los investigadores la nombraron "INIAP Vivar 2010", en honor del finado investigador Hugo Vivar. Trabajó 16 años como mejorador de cebada en el Centro Internacional para la Agricultura en Zonas Áridas (ICARDA), que lo asignó al CIMMYT, desde donde Vivar coordinaba las actividades para la región de América Latina. Tiempo después, trabajó nueve años en el CIMMYT.

Nació en la provincia ecuatoriana de Loja, pero durante su niñez, Vivar solía pasar cortas temporadas en la granja que su familia tenía en Saraguro. Uno de los agricultores que estuvo en la ceremonia de lanzamiento de la variedad nueva recordó que su mamá había su compañera de juegos del finado. Como científico, regresaba con frecuencia a Saraguro, donde ayudó a definir un proyecto colaborativo con el INIAP a largo plazo, un proyecto mediante el que resolvieron problemas que durante mucho tiempo habían ido minando la productividad agrícola y aumentando la pobreza en esa remota región montañosa.

Habiendo ensayado varios años la variedad Vivar en sus propias parcelas, los agricultores invitados al evento sabían que rinde más, que el grano es de mejor calidad, y que les ofrece un seguro contra la sequía, un fenómeno que ocurre con más frecuencia y se manifiesta como otro de los signos del clima loco.

Un hueco en la canasta alimentaria
Asentados en pequeñas parcelas sobre las inclinadas pendientes de las montañas, a lo lejos, los sembradíos de trigo y de cebada en Saraguro semejan estampas doradas que han sido colocadas sobre enormes hojas de papel corrugado verde y café.

El evento que organizó el INIAP sirvió de marco tanto para el lanzamiento de nuevas tecnologías agrícolas como para celebrar la vida, rebosantes de energía, en los campos del Ecuador. Discursos, exhibiciones y una comida al aire libre, todo preparado para resaltar el cultivo de trigo, así como lo mejor de la vasta y rica cultura de un pueblo cuya gente siente pasión por la política, tiene profundas creencias religiosas y es muy trabajadora.

Pese al toque local del evento, éste tuvo una mayor repercusión, como por ejemplo, la de dar a conocer al público en general —en parte por la cobertura de los medios de comunicación— que existe una nueva tecnología, que representa los logros concretos que se hecho en poco tiempo, a partir de un ambicioso plan para revitalizar la producción de trigo en el país.

Dicho plan es parte de la respuesta firme del país ante la crisis mundial del precio de los alimentos en 2008. En todo el mundo, la crisis fue una muestra de cuán rápidamente la seguridad alimentaria puede desplomarse y agravar las condiciones ya de por sí difíciles de millones de pobres, además de que puso al descubierto las debilidades fundamentales del sistema global de producción de alimentos, al cual, por años, no se le había prestado mucha atención.

En Ecuador, la crisis reveló la existencia de un boquete en lo que de otra manera sería una canasta básica resistente. El país es autosuficiente en arroz y produce grandes volúmenes de frijol, yuca, maíz y papa. Sin embargo, Ecuador importa casi todo el trigo para pan, un producto que figura de manera importante en la dieta de los consumidores rurales y urbanos por igual.

“Cuando los precios del trigo se dispararon en 2008, el gobierno ecuatoriano amortiguó los efectos otorgando subsidios temporales al trigo importado, a un gran costo", explica Julio César Delgado, director general del INIAP. Conscientes de los deficiencias de esa política, dice, los legisladores, a instancias del presidente del país, Rafael Correa, solicitaron la ayuda del INIAP a fin de reformular un plan para revitalizar la producción de trigo y reducir la excesiva dependencia del mercado internacional de trigo que tiene el país.

Ecuador al rescate de su sector de producción de trigo

El estado marginal del sector es un logro relativamente nuevo. Hasta la década de 1970, los agricultores de la región montañosa que atraviesa el país de norte a sur produjeron trigo suficiente para satisfacer cerca del 50% de la demanda interna; el otro 50% era de importación. Dada la diversidad de la economía agrícola en el país y la nueva fuente de ingresos derivada del petróleo, esto parecía un balance razonable.

Sin embargo, el balance se iba perdiendo a medida que los gobiernos en turno, que confiaban en los ingresos del petróleo, comenzaron dejar de lado la agricultura y la investigación que se necesitaba para que el país siguiera siendo fuerte y competitivo. La producción nacional de trigo fue en particular desatendida, porque los bajos precios en el mercado internacional y el peso político de la industria de la molienda facilitaban y hacían que fuera costeable importar grandes volúmenes de grano (hoy en día alrededor de 5,000 toneladas métricas al año). La reducción de la superficie dedicada al cultivo de trigo en Ecuador —originalmente de alrededor de 100,000 hectáreas a solo unas cuantas— precipitó la desaparición de la investigación de trigo.

Segundo Ceballos, que trabajó como jornalero en el programa de cereales de la estación experimental Santa Catalina del INIAP de 1966 hasta 2009, opina, desde su particular punto de vista, acerca de esta experiencia que casi acaba con el cultivo de trigo. Ceballos recuerda vívidamente la "época dorada" de la investigación de trigo en la década de 1970, cuando docenas de científicos, técnicos y jornaleros atendían las 15 o 20 hectáreas sembradas con los viveros internacionales de trigo del CIMMYT, evaluaban las líneas nuevas y luego mandaban los resultados de las evaluaciones a las oficinas del CIMMYT en México. Norman Borlaug, el padre de la Revolución Verde, los visitaba periódicamente, observaba los progresos que hacían y les daba ánimos.

Sin embargo, a fines de siglo, este trabajo había dejado de ser tan importante. Unas cuantas personas seguían sembrado unas cuantas líneas mejoradas cada año. Probablemente se habría abandonado todo el trabajo, comenta Esteban Falconí, líder del revitalizado programa nacional de cereales, si no hubiera sido por la costumbre y por la disposición del CIMMYT de seguir mandando, sin costo, los viveros que se le solicitaban.

Trigo más resistente en un ambiente difícil

El INIAP mismo había sugerido este tipo de acciones, muchas veces, pero no se había prestado atención al mensaje. Sacudido por la crisis alimentaria en 2008, el gobierno tomó la iniciativa esta vez, estableciendo metas realistas y aportando alrededor de 4.3 millones de dólares estadounidenses en apoyo a un programa quinquenal destinado a hacer investigación y promoción para el trigo.

El objetivo principal de la nueva iniciativa consiste en incrementar la superficie para sembrar trigo a 50,000 hectáreas, suficiente para satisfacer por lo menos 30% de la demanda nacional. Esta cifra es el equivalente de apenas el 3% de la producción nacional actual. En estas estimaciones se considera que los agricultores adoptarán variedades nuevas y aplicarán dosis adecuadas de fertilizante, para lo cual se les otorgarán créditos con términos razonables.

"Un reto importante será producir y distribuir suficiente semilla mejorada", según Walter Larriva, director de la estación experimental del INIAP cerca de Cuenca. La nueva inversión será de mucha ayuda, lo mismo que los años de experiencia del INIAP en ayudar a formar grupos de productores de semilla, explica.

A menos de dos años después de la decisión que se tomó en 2008 de renovar la investigación y producción de trigo, el INIAP está liberando ya variedades mejoradas, incluida la variedad Vivar para la región sur del Ecuador, y San Jacinto (que se liberó a finales de julio, junto con una variedad nueva de cebada) para las zonas centro y norte. Son estas las primeras variedades de trigo que se liberan en el país desde principios de 1990, cuando se liberó Cojitambo. En gran parte de la escasa superficie dedicada al cultivo de trigo se siembran ésta y otras variedades más antiguas.

Vivar es mucho más resistente que sus predecesoras en las condiciones de cultivo del país; su rendimiento es más elevado y consistente, superándolas en aproximadamente 80%. Basada en una línea que generó el CIMMYT, llamada Berkut, se introdujo en el Ecuador en 2003. La buena tolerancia de Vivar a la sequía probablemente proviene de una línea en su genealogía, que resultó de cruzas que se hicieron en el CIMMYT entre trigo domesticado y especies afines silvestres. El excelente comportamiento de la nueva variedad es una buena señal para la iniciativa del INIAP de reducir la dependencia de Ecuador de las importaciones de trigo, pero también podrían generar otros beneficios.

Uno de los agricultores presentes en la ceremonia de liberación de la variedad, Patricio Ordóñez, narra cómo el invirtió ingresos adicionales de trigo mejorado en la producción de frutos tropicales que son bien pagadas en el mercado. Ordóñez es uno de los más de 12 líderes comunitarios que han sido capacitados como parte de un proyecto del INIAP y el CIMMYT en Saraguro de 1995 a 2008, con el propósito de reducir la pobreza rural mediante sistemas de producción diversificados y sustentables.

Se generan nuevos resultados
El INIAP liberó Vivar y San Jacinto poco tiempo después de que se lanzó la iniciativa nacional para rescatar el cultivo de trigo, por dos razones. Una de ellas, el apoyo incondicional del CIMMYT para seguir trabajando incluso durante el tiempo en que las actividades disminuyeron relativamente en Ecuador. De haberse suspendido esa ayuda, el nuevo equipo de investigadores de trigo del INIAP se habrían visto en la necesidad de comenzar, prácticamente, de cero, lo cual agregaría años al proceso de desarrollo de variedades.

De igual importancia fue la decisión del gobierno ante la crisis de alimentos de renovar completamente la infraestructura para las actividades del INIAP, así como contratar y capacitar a un buen número de científicos y de técnicos.

“Con tantos años de abandono", dice Delgado, “nuestras instalaciones se habían deteriorado y la capacidad y la motivación de nuestros científicos de generar resultados había decaído.” Como director general, el mayor logro de Delgado fue recuperar lo que él llama “la mística del trabajo”, lo cual, en consecuencia, ayudó a retomar el trabajo de investigación y sus productos. Vivar y otras variedades nuevas son una prueba de ello.

Segundo Ceballos, que por más de cuatro décadas trabajó en las parcelas de cebada y trigo del INIAP, está muy contento con las nuevas variedades y con la reanudación de la investigación de trigo, ya que fueron ellos quienes mantuvieron años de lucha por conservar un pilar central para que no se desplomara la seguridad alimentaria de su país.

Para mayor información: Hans Braun, director, Programa Global de Trigo ( h.braun@cgiar.org Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla )

 

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