Lo aseguró Miriam Gallardo, técnica del Instituto de Patobiología del INTA Castelar, en referencia al déficit hídrico que padecen algunas zonas del país.

“Los forrajes conservados son clave en un contexto climático complejo”

“La variabilidad climática afecta significativamente la eficiencia y sostenibilidad de los modelos semipastoriles. En este contexto, los forrajes conservados cumplen un rol fundamental dado que el 60% de la producción de leche y entre el 30 y 40% de la de carne dependen de estos recursos”, explicó Miriam Gallardo, técnica del Instituto de Patobiología del INTA Castelar.

“Sabemos que hay zonas con déficit hídrico, por lo que es importante que los productores ganaderos adopten medidas de prevención para disminuir sus consecuencias”, indicó Daniel Rearte, coordinador del programa nacional Carnes del INTA.

En este sentido, Silvia Valtorta, técnica del Instituto de Patobiología del INTA Castelar, recomendó algunas estrategias de alimentación como “los pastoreos nocturnos y de madrugada, las dietas frías a base de forrajes que disminuyan la carga calórica de los animales; además de sombras, ventilación y un constante abastecimiento de agua de bebida de buena calidad”.

Para Gallardo, “todos los forrajes son potencialmente conservables como fuentes de nutrientes aunque la secuencia operativa de conservación es compleja y un mal manejo puede generar pérdidas de hasta el 40% de la biomasa del cultivo”.

Por su parte, la calidad nutricional final y el rendimiento de la materia seca dependerán de las tecnologías aplicadas durante todo el proceso –elección del germoplasma, siembra, picado y almacenaje–. En esta línea, y en un contexto de déficit hídrico, la técnica recomendó “aplicar tecnologías para la agricultura de precisión, ya que permiten aumentar la producción, mejorar la eficiencia productiva y contribuir a la sustentabilidad”.

Los ensilajes más adaptables a las diversas condiciones y regiones agroecológicas del país son los clásicos de verano como el maíz y el sorgo. Pero el abanico de alternativas forrajeras es mucho más amplio e incluye a otros cultivos templados –moha, alfalfa, gramíneas templadas–, los invernales –trigo, cebada, y avena– y hasta la soja y el girasol. “Este amplio abanico permite que siempre haya alternativas para atenuar las dificultades climáticas coyunturales”, afirmó Gallardo.

Las actuales condiciones climáticas afectan a todos los ensilajes. Para que su calidad nutricional final no se vea afectada, la técnica recomendó definir el estado fenológico y la humedad del cultivo al momento del corte y picado: “Los henos se deben conservar secos –humedad menor al 15%–, libres de hongos, con tallos finos y flexibles –mayor digestibilidad–, y con una buena cantidad de hojas –proteínas–.