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Desde Marcos Juárez –Córdoba–,
técnicos del INTA advirtieron que
podría aumentar la incidencia de mancha ojo
de rana (MOR) en los cultivos de soja,
debido a las mayores precipitaciones y las elevadas
temperaturas registradas en la campaña
2008/09.
Esos
factores climáticos fueron superiores al registro
histórico, lo que favoreció la aparición temprana y
el progreso de la MOR, causante de
importantes pérdidas en el rendimiento de la
oleaginosa. “El desarrollo de la enfermedad se ve
favorecido por el tiempo cálido y húmedo, en
especial por temperaturas nocturnas superiores a
20 ºC, lluvias abundantes y
formación de rocío”, sostuvo Silvia Distéfano, de
esa unidad del INTA.
MOR es
una enfermedad fúngica de la soja que fue reportada
por primera vez en nuestro país en los 80.
El hongo sobrevive durante el invierno en la semilla
y en el rastrojo infectado. Una vez que el patógeno
se introduce en un área, el rastrojo constituye la
principal fuente de inóculo primario. “Se trata de
una enfermedad policíclica, es decir, con varios
ciclos de infección durante la campaña”, explicó
Distéfano. Además, reveló la especialista, las
esporas producidas por el hongo son diseminadas a
plantas sanas por el salpicado de las lluvias y, en
menor medida, por el viento.
Los síntomas de la enfermedad son foliares, aunque
también pueden presentarse más tarde en tallos,
vainas y semillas. Las manchas en las hojas suelen
adquirir formas angulares o circulares, de color
castaño rojizo, cuyo centro, de entre 1 y 5
mm, se torna castaño más claro.
En cambio, cuando las lesiones están presentes en
los tallos y vainas, las manchas son alargadas,
deprimidas y de color castaño oscuro en los bordes y
más claras en el centro. En cuanto a la detección de
la enfermedad en las semillas, éstas lucen un
tegumento con rajaduras y manchas de color pardo
claro. Cuando el número de lesiones es considerable,
las plantas pueden perder las hojas de manera
prematura.
En este contexto, la técnica recomendó algunas
prácticas de manejo para el control de la
enfermedad: “El uso de variedades resistentes es la
principal medida de control pero, como se trata de
un patógeno que presenta razas, las variedades
pueden cambiar su reacción con el tiempo”.
Asimismo, existen diversas metodologías para ser
llevadas a cabo de acuerdo con las necesidades
presentes en cada caso.
Para evitar la introducción del hongo en los lotes
libres o con bajo inóculo, las semillas deben
tratarse con fungicidas curasemillas; en cambio,
cuando el objetivo es la reducción del inóculo, se
sugiere la rotación de cultivos con gramíneas
estivales por dos o más años.
“En caso de haber sembrado variedades susceptibles
en lotes con antecedentes de la enfermedad, durante
esta campaña se recomienda el monitoreo continuo.
Ante la presencia de síntomas y condiciones
climáticas predisponentes, se sugiere la aplicación
de fungicidas foliares desde los primeros estadios
reproductivos. En casos puntuales y con una extrema
severidad, se aconseja realizar dichos tratamientos
en estadios vegetativos”, concluyó Distéfano.
Informes:
Silvia Distefano,
Fitopatología soja, INTA Marcos Juárez, (03472)
427171,
svallone@mjuarez.inta.gov.ar |