
Arturo Romero Peralta señala
su campo de maíz y describe
sus experiencias con la
agricultura de conservación
(AC) a un grupo de casi 20
de sus vecinos y varios
técnicos de Asgrow (una
subsidiaria de la empresa
productora de semilla
Monsanto) durante una
reunión informal sobre la
AC. |
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De pie entre
dos parcelas de maíz y rodeado de los
agricultores vecinos, Arturo Romero Peralta
explica su experiencia con un nuevo método
agronómico que supera las prácticas
tradicionales como la remoción de rastrojo
––tallos, brácteas y hojas–– y la labranza
convencional. Romero Peralta es uno de casi
40 productores que colaboran con el CIMMYT
en la presentación de parcelas de
demostración, como parte de un esfuerzo
conjunto por ensayar y diseminar las
prácticas de la agricultura de conservación
(AC) en México.
Hace dos
años, el CIMMYT comenzó a establecer una red
que conecta a productores locales,
investigadores y técnicos ubicados por toda
la República Mexicana. Esta red, cimentada
sobre la base de varios ensayos a largo
plazo de agricultura de conservación (AC)
localizados en tres estaciones del CIMMYT
(dos en la Meseta Central y uno en la región
norte de México), permite el intercambio de
información acerca de la AC y la difusión de
la misma. La red ha ayudado ya a más de 150
familias a adoptar la AC en casi 1000
hectáreas, principalmente en las parcelas de
maíz en la Meseta Central de México. La AC
es un sistema agronómico que incluye
labranza mínima, una rotación razonable de
cultivos y mantener la superficie del suelo
cubierta con los residuos de los cultivos o
con cultivos de cobertura. En la actualidad,
las prácticas de la AC están siendo
perfeccionadas y promovidas por el Programa
de Agricultura de Conservación, que se
inició a principios de 2009.
“La idea es lograr una
situación de campo controlada, donde podamos
ensayar distintas prácticas de cultivo,
apoyados por módulos (es decir, parcelas de
AC con monitoreo, en campos de agricultores)
con un productor y un técnico”, comenta Bram
Govaerts, especialista en el manejo de
sistemas de producción del CIMMYT. Pero no
resulta fácil convencer a los agricultores
de que dediquen una parte de sus campos a
ensayar una práctica agronómica que no
conocen. Y ahí es donde entran los ensayos a
largo plazo.
La
sustentabilidad se basa en la constancia

Como parte de los ensayos a
largo plazo en que se
compara la AC con otras
prácticas agronómicas en el
norte de México, las
parcelas de trigo sembradas
con camas permanentes y
remoción de todos los
residuos terminaron
desastrosamente durante su
sexto año. |
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El CIMMYT
mantiene varios ensayos a largo plazo a fin
de descubrir cuáles prácticas agronómicas
producen rendimientos altos y estables, y
tienen poco impacto negativo en el medio
ambiente. Como la agricultura es una
actividad económica, lo ideal es que el
sistema produzca también altos ingresos para
el productor. Después de más de 15 años de
ensayos continuos, se ha comprobado que las
prácticas basadas en la AC son las mejores
para el maíz, el trigo y otros granos
pequeños en todas las condiciones en que el
CIMMYT ha realizado estas pruebas. Sembrados
durante años junto a parcelas manejadas de
manera convencional, estos ensayos muestran
las marcadas diferencias que existen entre
estos dos sistemas de cultivo. Por ejemplo,
al comparar parcelas en la estación
experimental El Batán del CIMMYT en el
altiplano central de México, se observó que
una sequía reciente mató las plantas
sembradas siguiendo las prácticas de los
agricultores, en tanto que las cultivadas
con las prácticas de la AC sobrevivieron.
Además, en
ensayos en que se comparan los sistemas
convencional y de la AC para cultivar trigo
bajo riego en el noroeste de México, la
práctica de retirar todos los residuos de
las camas permanentes funcionó bien durante
los primeros cinco años, pero al sexto año
resultó desastrosa. Estos ensayos continuos
permiten a los investigadores recomendar y
promover sistemas que son sustentables y que
dan a los agricultores locales la
oportunidad de examinar las parcelas y
decidir por sí mismos cuál sistema es el
mejor. Lo que se espera lograr es que
quieran ensayar las prácticas de la AC en
sus propias parcelas y que sirvan de ejemplo
para sus vecinos y así se difunda y se
promueva la adopción de la AC.
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Paulino Sánchez Vásquez,
agricultor, distribuidor de
Asgrow y promotor de la AC,
enumera los beneficios de la
agricultura sustentable.
“Pese a la peor sequía que
recuerdo, nuestra parcela de
AC sigue en pie, aunque
otros campos de maíz se
secaron por completo”,
señala. |
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Los
suelos no se mueven y la AC se acelera
“Debería haber una ley que diga que todos
los agricultores deben utilizar la
agricultura de conservación”, dice Paulino
Sánchez Vásquez, un productor de maíz de
Atotonilco, Hidalgo, quien asistió al evento
celebrado en el campo de Romero Peralta.
Sánchez Vásquez desciende de una familia de
agricultores y cultiva 25 ha de maíz de
temporal, de las cuales 5 se encuentran bajo
agricultura de conservación.
“Esta tierra
no nos pertenece” , dice Sánchez Vásquez
indicando el campo a su alrededor. “Solo la
tenemos prestada y se la vamos a heredar a
nuestros hijos”. De acuerdo con una encuesta
realizada por el socioeconomista del CIMMYT
Dagoberto Flores Velázquez, Sánchez Vásquez
se cuenta entre el 75% de productores
participantes en el ensayo de maíz de
temporal en la Meseta Central de México,
que, después de solo un año de experimentar
con la AC, piensan que la tecnología es
prometedora.
Al igual que
otros colaboradores, Sánchez Vásquez se
comprometió a no labrar la tierra de sus
parcelas experimentales durante 5 años; ésta
es una fase esencial pero inicialmente
difícil de la AC, pues requiere un cambio
total de las prácticas agronómicas
tradicionales y, al principio, genera pocos
beneficios. Algunos agricultores que
estuvieron de acuerdo en intentar la
labranza cero ––en la que el suelo no se
remueve para nada–– junto con otras
prácticas de la AC, abandonaron el intento
después del primer año porque no entendieron
del todo el sistema y les faltó el apoyo
técnico necesario, relata Flores Velázquez,
quien, junto con el equipo de la AC en
México, está tratando de volver a entrar en
contacto con estos agricultores para
brindarles un apoyo adecuado. Con este
objetivo, están haciendo más visitas al
campo y entregando materiales de extensión,
como tiras cómicas con temas de agricultura
específicamente dirigidas a ciertas zonas
socioeconómicas y una revista mensual sobre
la AC.
Aquellos
agricultores que logran mantener sus campos
bajo la AC ahorran tanto tiempo como dinero.
Comparados con los agricultores
tradicionales, los productores de maíz de la
Meseta Central de México que aplican la AC
lograron ahorrar entre EUA$110 y 300 por
hectárea el año pasado. Además, según
Sánchez Vásquez, la labranza reducida y la
retención de residuos en la superficie
mejoran el suelo y tienen otro beneficio
más: le dejan al productor más tiempo libre
para dedicarlo a otras actividades, ya sea
de descanso o que generan alguna ganancia.
Otra
herramienta de extensión que se utiliza para
difundir la AC es una base de datos en línea
que lleva un registro de los módulos de los
agricultores (así se denominan los campos
que los agricultores cultivan utilizando las
prácticas de la AC con la asistencia de
técnicos asociados) usando la bien conocida
aplicación Google Earth. Este globo
terráqueo virtual no solo muestra dónde se
sitúa cada módulo, sino que con solo hacer
“clic” los usuarios pueden acceder a
información vital acerca de los módulos,
como por ejemplo, los fertilizantes que se
les aplican, los rendimientos y los
problemas que surgen. Con esta herramienta,
los técnicos e investigadores analizan
fácilmente los resultados de la AC en
distintas condiciones, comparten esta
información con los agricultores y promueven
la adopción de las prácticas de la AC para
beneficiar a un mayor número de productores.

En agosto por lo general cae
un promedio de 120
milímetros de precipitación
en la estación experimental
del CIMMYT en El Batán, pero
este año cayeron menos de
40. La Confederación
Nacional de Productores
consideró que esa fue la
peor sequía en 70 años, y
que posiblemente causó 1.16
mil millones de dólares de
pérdidas. Los ensayos a
largo plazo que aparecen
aquí muestran claramente que
las parcelas sembradas de
manera tradicional se
secaron (en primer plano),
mientras que las de la AC
siguen prosperando (en el
fondo a la izquierda).. |
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Sin
atajos
Si bien se ha comprobado el valor de los
ensayos de AC, no hay garantía de que
continuarán. Los ensayos de largo plazo
requieren financiamiento a largo plazo, y
esto es algo que el programa no tiene en
este momento.
“No hay
flexibilidad con los ensayos a largo plazo;
o se llevan a cabo o dejan de existir”,
explica Govaerts. “Si se interrumpe un
ensayo, aunque solo sea un ciclo de cultivo,
se terminó para siempre, porque no es
posible decir que el próximo año, cuando
haya dinero, se volverá a iniciar”.
En 2009, los
ensayos a largo plazo sirvieron como base
para celebrar más de 40 eventos de
adiestramiento y fortalecimiento de
capacidades en México, pero la difusión no
se limita a estos tipos de eventos. Desde
1996, las parcelas se han utilizado como una
plataforma de capacitación para más de 80
investigadores originarios de más de 20
países, que han venido a la sede del CIMMYT
en México para estudiar agronomía y el
manejo sustentable de los recursos
naturales. Asimismo, estudiantes
provenientes de todo el mundo han basado sus
tesis o proyectos de investigación en estos
ensayos. Por último, con la ayuda del CIMMYT,
se están confirmando las prácticas y
resultados obtenidos a partir de los ensayos
en México para su adopción por los
agricultores de África y Asia. “No
trabajamos solo para México, sino para el
mundo entero”, señala Govaerts.
Para mayor
información, póngase en contacto con Bram
Govaerts, especialista en sistemas de
cultivo (b.govaerts@cgiar.org) |