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Información para Productores y Semilleros

 
 

CIMMYT (Centro Internacional para Mejoramiento de Maíz y Trigo)

El maíz en Kenia: En búsqueda de un subsidio adecuado

 

Catherine Njura, agricultora del distrito de Embu en Kenia, muestra su propiedad de siembra intercalada, de 0.25 hectáreas, donde recientemente empezó a cultivar variedades mejoradas de maíz.


Un dilema común que enfrentan los organismos sin fines de lucro y los programas de ayuda es cómo beneficiar a los necesitados sin crearles dependencia y sin perjudicar los mercados. A fin de solucionar este problema, un programa piloto en Kenia, Semilla de Maíz para los Pobres (MSP, siglas en inglés), está buscando la manera de ofrecer a los agricultores insumos agrícolas subsidiados que aumenten su productividad y, al mismo tiempo, vigoricen los mercados locales de semilla.

Bajo el sol brillante y el cielo despejado de Kenia, varios centenares de agricultores esperan, formados en línea, en Kavuturi, una aldea del distrito de Embu, para recibir cupones de descuento para comprar semilla de maíz mejorado. El maíz es el cultivo básico más importante de Kenia, pues proporciona más de la tercera parte de las calorías y proteínas que se consumen en el país. Y, sin embargo, muchos pequeños productores carecen de dinero para comprar semilla mejorada, insumo que puede incrementar grandemente los rendimientos y la seguridad alimentaria de las familias. Si solo unos cuantos agricultores pueden o están dispuestos a comprar semilla y fertilizante, nunca se desarrollarán los mercados que tan necesarios son para el suministro de esos productos.

El programa Semilla de Maíz para los Pobres espera poder cambiar esta situación. Este proyecto recién iniciado se centra en los agricultores que viven en las regiones de Embu y Kisii de Kenia e incluye asociados como el CIMMYT, la Asociación Keniana de Comercio de Semilla, el Instituto Keniano de Investigación Agrícola (KARI) y el Instituto Internacional de Investigación sobre Política Alimentaria (IFPRI). Además recibe financiamiento de parte de USAID y la Asociación Norteamericana de Comercio de Semilla. En conjunto, estas organizaciones han distribuido 16,200 cupones entre mediados de marzo y principios de abril. Los cupones se usan para comprar semilla con descuento en algunas comercializadoras agrícolas, las cuales cambian los cupones en el Equity Bank de Kenia, donde el MSP ha abierto una cuenta con un monto de un millón y medio de Ksh (cerca de 19,350 dólares estadounidenses). Para evitar fraudes, todos los cupones traen impresas medidas de seguridad como marcas de agua e imágenes legibles bajo luz ultravioleta.

Una misión que vale la pena
“Estamos tratando de encontrar la manera más eficaz en cuanto a los costos, de ofrecer insumos a precios que el productor de escasos ingresos pueda pagar”, explica Hugo De Groote, economista agrícola del CIMMYT, con base en Kenia. Con este fin, el MSP utiliza un sistema de cupones aleatorio que, al dársele seguimiento, revelará qué cantidades y métodos de distribución generan los mayores beneficios. Pero el asunto es ayudar a los agricultores sin dañar la industria privada local de producción de semilla. “No queremos reducir la demanda regalando la semilla. Las empresas productoras de semilla necesitan un incentivo para seguir operando y suministrando insumos agrícolas en esas zonas”, dice De Groote.

La liberalización económica de la década de 1990 condujo a la eliminación de muchas intervenciones agrícolas ––incluidos los subsidios a los insumos–– lideradas por el estado en los países en desarrollo. Esta eliminación contribuyó al estancamiento de los rendimientos de los cultivos y a reducir la seguridad alimentaria de muchas familias de zonas rurales. Con la esperanza de revertir estas consecuencias involuntarias, varios gobiernos ahora consideran la posibilidad de retornar a los insumos subsidiados, pero de forma cuidadosamente dirigida. Malawi nos da un ejemplo reciente de una iniciativa que tuvo éxito: un programa del gobierno distribuyó cupones a los agricultores para que pudieran comprar semilla de maíz y fertilizante a precios reducidos. Con la ventaja adicional de una buena temporada de lluvia, la producción de maíz en Malawi se incrementó al doble en 2006 y casi al triple en 2007. De Groote tiene la esperanza de que si el MSP tiene éxito, este experimento local pueda servir de modelo para crear un programa nacional en Kenia parecido al de Malawi.

Cómo funciona
El proyecto MSP utiliza dos métodos de clasificación: uno en el que todos los agricultores de la comunidad son invitados a participar y un sistema de identificación directa orientado exclusivamente hacia los agricultores de escasos recursos. La identificación directa es efectuada por un comité de ancianos de la aldea y otras personas conocedoras que elaboran una lista de características que definen a la familia de pocos recursos. Acto seguido, a las familias locales que se ajustan a esa descripción se les invita a participar.

A todos los agricultores que participan se les asigna al azar un cupón con un valor de 60 o 120 Ksh (1 USD=78 Ksh). Cada familia de agricultores tiene la posibilidad de recibir de dos a cinco de estos cupones. Como control en el experimento, algunas familias no recibirán ningún cupón (a éstas se les dará o un kilogramo de manteca para cocinar o de azúcar por haberse tomado la molestia de participar). Sin embargo, este no es un programa de regalos; los participantes solo pueden utilizar un cupón por cada bolsa de 2 kg de semilla de maíz mejorado, sin importar cuántos cupones reciban al principio. Como una bolsa de 2 kg de semilla mejorada de la Empresa Keniana de Semilla típicamente cuesta 240 Ksh, un cupón no cubre todo su costo. O sea que el agricultor tiene que pagar la cantidad que resta para aprovechar los beneficios del programa.

“La idea es que los agricultores tienen que aportar parte del costo. Se les da más de un cupón para que puedan comprar distintas variedades, o comprarlas en distintos momentos”, explica De Groote. “Los agricultores tampoco pueden vender los cupones, aunque sí pueden usarlos para comprar semilla para sus parientes y amigos”.

Stanley Njiru, funcionario de relaciones sénior del Equity Bank, habla del sistema de cupones Semilla de Maíz para los Pobres con otros banqueros y comerciantes agrícolas. “Nuestra motivación fue habilitar a los kenianos. Pensamos que estamos dando un servicio al asociarnos con la comunidad, y apreciamos el negocio que esto nos genera”, comenta.

A los agricultores les gusta la semilla
“Este maíz es más fuerte que otros”, comenta la agricultora Catherine Njura, que vive en la aldea de Kawathi, Runyenjes, en el distrito Embu, con su marido y tres hijos. Ella recibió cinco cupones del MSP, con un valor de 60 Ksh cada uno; uno lo utilizó para comprar una bolsa de semilla Duma, con un precio de 360 Ksh, en la empresa Seed Co. “Nos dijeron que era de madurez temprana y que se daba bien cuando no había mucha lluvia”, explicó.

Njura ayuda a cultivar un campo de 0.5 acres, de donde se sustenta su familia. Cultiva una diversidad de frutas y cultivos como caña de azúcar, frijol y maíz. Aunque Njura no utiliza fertilizante con la semilla nueva que compró, las plántulas de maíz de tres semanas de edad al parecer se están dando bien; antes Njura solo sembraba semilla reciclada de una variedad local.

Análisis del impacto
La historia de Njura demuestra que el programa puede alcanzar objetivos importantes como motivar a los agricultores de escasos recursos a aprender acerca de las variedades de maíz mejorado, a sembrarlas y a comprar semilla de calidad de los proveedores locales. Esto beneficia a empresas particulares como los comerciantes agrícolas y el banco, y también ayuda a la economía regional. Njura repite la retroalimentación recibida de agricultores y otros participantes en el proyecto, respecto a lo que es posible mejorar

“Las instrucciones causaron un poco de confusión y algunas personas no entendían que tenían que pagar cierta cantidad por la semilla”, comenta Njura.

Los comerciantes agrícolas en general estaban muy complacidos con el sistema de cupones porque aumentó su clientela, les proporcionó publicidad gratis y fomentó una relación productiva con el banco (que ofrece diversos servicios que los podrían beneficiar). Pero también sugirieron que se simplificara el proceso para cambiar los cupones, que se ofrecieran cupones por fertilizante y que se garantizara que los agricultores recibieran los cupones mucho antes de la siembra.

Orientación hacia los pequeños productores
“Las mujeres de nuestro grupo opinan que si los cupones hubieran valido para comprar bolsas de 1 kg, se hubiera beneficiado a más personas”, dice Madrime Nthiga, agrónoma especialista en maíz de KARI-Embu. “Algunos agricultores son muy pobres y trabajan solo la octava parte de una hectárea, así que dos kilos de semilla son demasiado y se desperdicia”.

La típica densidad de siembra para maíz en monocultivo es de 20 a 25 kg de semilla por hectárea, pero los agricultores kenianos a menudo siembran a densidades mucho menores e intercalan el maíz con otros cultivos en el mismo campo, en parte para protegerse de la inseguridad alimentaria. Esta estrategia de diversificación le resultó bien a Njura y su familia el año anterior, cuando debido a una fuerte sequía, les fue difícil obtener alimentos y darle de comer al ganado. Para no morir de hambre, comieron las frutas producidas por los árboles de su pequeña propiedad. Cuenta Njura: “todos los cultivos se secaron y sobrevivimos comiendo plátanos, mangos y aguacates, que a veces hervíamos juntos. No teníamos dinero para comprar maíz en el mercado”

Los cupones del MSP caducaron el 30 de abril de 2009. Ahora los investigadores del proyecto analizarán los costos del sistema y, también, cuáles agricultores participaron y de qué forma se beneficiaron. Los mejores elementos de este proyecto experimental serán incorporados en iniciativas subsecuentes.

“Finalmente, las mejores opciones son aquellas que más confiablemente llegan a los agricultores de bajos ingresos, les entregan beneficios perceptibles y reducen al mínimo tanto los costos de administración como los costos de las ‘fugas’ a agricultores de mayores ingresos”, dice De Groote. “Esto solo lo podemos determinar con base en la experiencia sobre el terreno, que es lo que hemos obtenido en este proyecto”.

Para mayor información, comuníquese con: Hugo De Groote, economista (h.degroote@cgiar.org)

 

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