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Al acercarse la época
de siembra de cultivos de primavera, el INTA
Venado Tuerto -Santa Fe- sugiere monitorear
a campo la existencia de orugas cortadoras para
evaluar la aplicación de tratamientos de control,
tanto en presiembra como en postemergencia.
Las orugas cortadoras
-cuyas especies más difundidas en la región pampeana
son Agrotis meléfida (áspera) y
Porosagrotis gypaetina (parda)- causan el
máximo daño entre septiembre y noviembre, cuando las
larvas se encuentran en su último estadio de
desarrollo. De gran difusión en leguminosas
forrajeras, su presencia en cultivos de verano como
maíz, girasol y sorgo representa una alta
peligrosidad, aún con bajas densidades de población.
También la soja, cuando se siembra en octubre o
noviembre, puede ser blanco de sus ataques.
En presiembra, el
tratamiento se recomienda a partir de la detección
de 2.000 a 3.000
larvas por hectárea. Este diagnóstico se realiza por
observación directa de la plaga -generalmente
asociada a la presencia de malezas de hoja ancha,
como cardo o quínoa- o mediante el uso de cebos
tóxicos en microparcelas de 6 a
10 m², que son evaluadas al día
siguiente para estimar el número de ejemplares.
En postemergencia, en
cambio, debe confirmarse tanto la presencia de la
plaga como la de plantas cortadas. El umbral de
tratamiento indicado es a partir de un 5%
de plántulas cortadas en maíz, 3-5%
en girasol y 5-7% en soja.
De superarse los
umbrales indicados para cada caso, el control se
efectúa mediante insecticidas que pueden aplicarse
junto con herbicidas en barbechos químicos.
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