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En tiempos
de desánimo, no es fácil que los productores tengan
la voluntad de sentarse a pensar en tecnologías y
prácticas de manejo para desarrollar las
producciones. Las jornadas de actualización técnica
en girasol que se desarrollaron en Trenque Lauquen y
Coronel Pringles parecen haber sido la excepción. Es
que allí se reunieron más de 240 y casi 150
productores, respectivamente para atender a las
disertaciones programadas por la Asociación
Argentina de Girasol (ASAGIR). La convocatoria no
fue casualidad. La campaña pasada, el sector
agrícola volvió a darse cuenta de que, en las
difíciles, el cultivo siempre responde y, en plena
seca, fue el único que pudo mostrar un
comportamiento regular.
Pero el
girasol no la tiene fácil de cara al futuro. Si bien
su esencia le permite volver a pararse en regiones
de las que había sido corrido años atrás, las
políticas actuales no parecen estimular su
desarrollo. Es que a la feroz competencia que recibe
desde el Mar Negro, a partir de las buenas campañas
de Rusia y Ucrania, principalmente, quienes
comienzan a ganar terreno cedido por Argentina en la
provisión de aceite de girasol, se suman las altas
retenciones que pesan sobre las exportaciones.
“Precios
muy competitivos desde el Mar Negro, que hacen que
los países de la región ganen participación a
expensas de Argentina, medidas muy estrictas para
los pesticidas en el aceite de girasol por parte de
la Unión Europea, acidez en los productos por el mal
almacenaje del año pasado durante el conflicto y
barcos parados por la política oficial, hacen
concluir en que la Argentina está dejando de ser un
país confiable y no podremos volver a serlo si,
desde adentro, no damos señales y estimulamos a los
productores y la industria”, analizó Jorge
Domínguez, de Molinos Río de la Plata, en su
disertación sobre mercados.
Domínguez
afirmó que los derechos de exportación son
discriminatorios para el girasol. “Cuando las
retenciones a los productos de girasol se subieron
del 20 al 30% en noviembre de 2007, el precio FOB
del aceite girasol valía 1260 dólares y hoy vale
750. En ese momento el precio FOB de la soja valía
397 dólares y subieron las retenciones de 27.5 a
35%; hoy la soja vale más de 450 dólares”, analizó.
El nivel
actual de retenciones al girasol y sus derivados es
incompatible con el precio internacional actual, que
ha retrocedido un 40 % respecto de noviembre de 2007
y 55% respecto de marzo de 2008.
Según
Domínguez, el girasol sería una alternativa
interesante para el productor si se igualara su
nivel de retención al de los cereales, contribuyendo
a la diversificación del riesgo y a la rotación en
el uso del suelo.
Las Brechas del girasol
Durante la
jornada, el coordinador técnico de ASAGIR, Carlos
Feoli, presentó los resultados de la primera etapa
del Proyecto Brechas, la iniciativa que desde hace
un año busca relevar y analizar los potenciales
productivos de cada zona y su relación con los
promedios obtenidos. El dato más relevante que surge
del estudio es que la producción girasolera se
encuentra, por lo menos, un 30% por debajo de los
rendimientos alcanzables.
El
ambicioso Proyecto contempla datos estadísticos de
la SAGPyA, de Productores AT (categoría que implica
a un grupo de productores que habitualmente aplica
la mejor tecnología y facilitaron sus datos para el
trabajo: AACREA, Cazenave y Asoc., El Tejar y Los
Grobo, entre otros), los promedios del conjunto de
datos de ensayos de las empresas de genética socias
de ASAGIR y de la Red Nacional del INTA, así como
también reúne los rendimientos medios de los mejores
20 híbridos de cada ensayo y los máximos
rendimientos del grupo Top20.
“Desde que
brecha ha sido definida como la diferencia entre
rendimientos alcanzados (medias SAGPyA) y
alcanzables (el resto de las medias), se observa que
existe un enorme espacio para recuperar el
rendimiento posible”, explicó Feoli.
Entre los
resultados mostrados, se observó que en el oeste de
la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, las
brechas entre la producción según SAGPyA y los
Productores AT es de 540 kg/ha, mientras que la
brecha entre la media nacional y la media Sem - INTA
es de 1460 kg/ha. “En la zona, la brecha es de 14.6
qq/ha; expresada porcentualmente, hablamos de una
brecha 101%. Es decir, los ensayos realizados en
condiciones óptimas rindieron el doble de la media
alcanzada por los productores. Finalmente, la brecha
entre este último valor y los Productores AT,
también expresado porcentualmente, fue de un 51% más
por hectárea a favor de estos últimos”, graficó el
coordinador técnico de ASAGIR.
¿Cómo rendir más?
“La
tecnología no es el problema. El techo lo ponemos
nosotros con el manejo previo. Y si hay un cultivo
que este año puede llegar a las napas, va a ser sólo
el girasol, pero tenemos que saber cómo hacerlo.”
Así lo afirmó Alberto Quiroga, del INTA Anguil, para
quien la gran ventaja del cultivo es su importante
sistema radicular, que le permite explorar más de 2
metros bajo tierra.
Pero con
eso no alcanza. Por la dificultad de encontrar lotes
conectados a las napas, en esta campaña resultará
clave el manejo previo del agua. De allí que sea
fundamental hacer buenos análisis de suelo. “Hay
sólo un 30% de posibilidades de que, desde las
precipitaciones, se cumplan todos los requerimientos
del girasol, por eso no hay que confiarse tanto de
las lluvias”, comentó Quiroga. Y agregó: “con
perfiles y buena nutrición, en zonas como estas no
es difícil pensar en lotes de 4500 kilos”.
Según el
especialista, además del agua, el otro factor que
gobierna el rendimiento del girasol es la materia
orgánica. “La gran variable de ajuste hoy es lo que
hay adentro del suelo. A la hora de alquilar un
campo hay que tener en cuenta eso”, sugirió.
Finalmente, Quiroga hizo un resumen de los factores
que inciden sobre la productividad del cultivo y
enumeró los aspectos a tener en cuenta por los
productores antes de la siembra: precipitaciones, la
capacidad para retener agua del suelo, las napas (si
hay o no y a qué distancia), el índice de materia
orgánica, el físico (si el índice MO es bajo, el
físico seguramente será malo), el genotipo y, por
último, la fertilización.
“Nuestra
perspectivas es que antes, en la época húmeda, era
al revés, antes que nada había que pensar en
fertilización. Ahora cambió. Creemos que la
metodología que proponemos nos permite errar menos
en la elección de la tecnología, en épocas que hay
que ajustar los gastos”, concluyó Quiroga. |