Luis Osmar Braga
Schuch
lobs@ufpel.edu.br
Silmar Teichert Peske
El nivel
tecnológico utilizado en la producción agrícola es,
actualmente, muy elevado, proporcionando altos
niveles de productividad por superficie, situación
que se ha observado sobre todo en los cultivos
comerciales.
Mucho se ha hecho en varios aspectos agronómicos,
entre ellos está, sobre todo, el mejoramiento
genético para la obtención de variedades cada vez
más productivas y resistentes o tolerantes a los
estrés.
De ese modo, existe un gran esfuerzo de utilización
de variedades superiores, semillas de alta calidad,
utilización adecuada de fertilizantes y correctivos,
siembra en épocas adecuadas, control de malezas,
plagas y enfermedades. Todo ello implica un costo
considerable.
Un aspecto fundamental para la optimización de la
productividad se relaciona al número de plantas a
ser utilizadas y su distribución en la superficie.
Esa definición de población de plantas ha sido muy
bien estudiada por los investigadores y depende de
la interacción entre la variedad utilizada y las
condiciones del cultivo que probablemente ocurrirán,
como por ejemplo, la fertilidad del suelo,
condiciones de precipitación o riego, temperatura
ambiente, localización y época de siembra, entre
otros factores. Actualmente, las recomendaciones
específicas de las empresas obtentoras de variedades
ya indican el número de planta a ser utilizadas por
área en cada una de sus variedades y para las
diferentes regiones donde son indicadas.
Ese número de plantas recomendado por área de
terreno, específicamente para cada variedad y
condiciones e cultivo, distribuido en las líneas de
siembra, determina la distancia en las que las
plantas quedarán entre sí. La mejor distribución de
plantas a lo largo de la línea es aquella en la que
las plantas quedan exactamente a una misma distancia
una de la otra. Eso quiere decir, que deberán estar
perfectamente distribuidas a lo largo de la línea de
siembra. Esas condiciones proporcionan un menor
grado de competencia entre las plantas, toda vez que
cada planta estaría ubicada a la misma distancia de
cada una de las dos plantas vecina en la línea.
Así, en esas condiciones ideales, en un cultivo de
maíz sembrado en un espaciamiento de 80cm y con una
población de 60.000 plantas/ha, cada planta queda a
una distancia de 20,8cm de las plantas vecinas.
Siguiendo el mismo raciocinio, en un cultivo de soya
sembrada con una distancia de 45cm entre líneas, en
una población de 250.000 plantas/ha, cada planta
estaría a una distancia de 8,9cm de las plantas
vecinas.
Para la obtención de esa distribución ideal de las
plantas en el cultivo es necesario que cada semilla
sea colocada en la posición correcta y que esa
semilla efectivamente origine una planta, es decir,
el 100% de las semillas produzcan efectivamente una
planta en el campo.
En un cultivo altamente productivo, las plantas se
encuentran sometidas a un elevado grado de
competencia entre sí. Cuánto más cerca está una
planta de la otra, mayor será el grado de
competencia. Cuanto mayor sea el grado de
competencia al que una planta está sujeta, menor
será el desarrollo de materia seca, área foliar y
rendimiento en granos de esa planta. Por ello,
cuando la población de plantas de soya en un cultivo
varía ocurre también una variación en el rendimiento
de granos por planta. Así, los cultivos presentan un
cierto grado de plasticidad o de tolerancia a la
variación de la población de plantas. Esa
plasticidad es variable entre especies. La soya y el
arroz son especies que en general, soportan
variaciones considerables en el número de plantas
por área. Los híbridos modernos de maíz toleran poco
la variación en la población, presentando así baja
plasticidad, debido a la baja capacidad de
perfilamiento y producción normal de una única
espiga por planta.
Para ilustrar el aspecto de la competencia, imagine
el efecto de la distribución de plantas a lo largo
de la línea de siembre en dos cultivos presentando
el mismo número de plantas por superficie. En una
distribución ideal, las plantas se distribuyen de
manera equidistante. Considerando en ese caso un
cultivo de soya con 250.000 plantas/ha< y 0.45m de
distancia entre líneas, las plantas estarán ubicadas
a 8,9cm una de otra. Esa condición proporciona un
menor grado de competencia entre ellas, toda vez que
cada planta estaría ubicada a una misma distancia de
cada una de las dos plantas vecinas en la línea.
Cualquier otra combinación afectará la productividad
del cultivo, todo ella basados en los conocimientos
de nutrición de plantas, fotosíntesis,
disponibilidad de agua, entre otros factores.
En cultivos altamente productivos, las plantas se
encuentran sometidas a un elevado grado de
competencia por los recursos de crecimiento que
normalmente se encuentran disponibles en cantidades
limitadas y, por ello, son insuficientes para
atender la demanda combinada de todas las plantas
del cultivo. Los factores por los que las plantas
pueden competir son: agua, luz, nutrientes, oxígeno
y dióxido de carbono. De esa manera, la posición en
que una plantas se encuentra con relación a las
otras plantas dentro del cultivo afecta el grado de
competencia al que está sometida y a la capacidad de
acceso a esos recursos limitados. De esa forma, las
plantas que se encuentran más cerca las unas de las
otras estarán sujetas a un mayor grado de
competencia por los recursos de crecimiento.
En ese contexto de distribución uniforme de las
plantas en los cultivos, las fallas que ocurren
pueden haber sido ocasionadas por la calidad de las
semillas como también por el proceso de siembra en
sí, en el que la semilla simplemente no fue
depositada en su lugar. Otra situación es aquella en
la que, además de la fala, puede suceder a
disposición de dos semillas en un mismo lugar, las
que producirán dos plantas, denominadas dúos. En esa
situación, dos plantas tratan de ocupar el mismo
espacio, observándose un elevado grado de
competencia entre ellas con la consiguiente
reducción en el rendimiento de granos de las dos,
asó como plantas con tallos más delgados y con menor
producción de área foliar.
Las plantas dúo presentarán un comportamiento de
siembra en alta densidad, con reducción en el
rendimiento por planta. Si consideramos un cultivo
con un número fijo de plantas por área - por
ejemplo, 250.000 plantas/ha -, cada punto de siembra
con dos plantas representará una reducción en el
rendimiento por hectárea y, cuanto mayor sea el
número de plantas dúo, mayores serán las reducciones
en el rendimiento de granos de ese cultivo.
En el contexto actual, donde se venden y compran
semillas por el número de unidades suficientes para
sembrar una hectárea y ya no por su peso, en la
mejor de las hipótesis, donde ocurran siembras en
dúo existe alta probabilidad de que se presenten
fallas en la disposición de semillas en algún punto
de la siembra. En ese caso, además de suscitarse
perjuicios por la reducción en el rendimiento por
planta en dúo, habrá perjuicios también por la falta
de esas plantas donde ocurren las fallas.
La ocurrencia de dos semillas juntas presenta como
mayor inconveniente la sobre siembra, pues la
producción de dos semillas juntas es prácticamente
la misma como si fuese una sola. La ocurrencia de
una situación de un punto de semillas dúo/m lineal
en maíz, con una población de 60.000 plantas/ha,
significa prácticamente colocar 10.000 semillas o
más por hectárea, lo que en costos, implica USD
94/60.000 semillas, es decir, gastar más de USD
14,20/ha sin necesidad. Es bueno recordar que el
éxito de un cultivo es la sumatoria de varios
factores, que juntos van a determinar las ganancias
o pérdidas, algunos bajo el control humano y otros
no. Así, para aquellos que se puede controlar, es
recomendable realizar todos los esfuerzos para
adoptarlos o minimizarlos.
Varios mecanismos son utilizados para que la
distribución de las plantas en el campo se aproxime
lo máximo posible a esa distribución ideal, o para
minimizar los efectos negativos de la distribución
menos uniforme de plantas; esos mecanismos pueden
ser lotes de semillas de alta calidad, sembradoras
con sistemas más eficientes de distribución de
semillas, clasificación de las semillas por tamaño,
como ha sido utilizado en maíz y en soya, uso de
productos que reduzcan la fricción entre las
semillas y garanticen una mejor distribución, como
el grafito o los polímeros que existen actualmente
en el mercado.

Distribución de plantas
Calidad de las Semillas
Cuando se utiliza un lote de semillas de menor
calidad fisiológica, además de todos los factores
perjudiciales recurrentes, es necesario también
colocar un número mayor de semillas por área para
compensar el menor número de plantas que no se
establecerán, toda vez que no todas las semillas
irán efectivamente a producir plantas.
La colocación de más semillas por área, además d
aumentar los costos, implica que las semillas se
sitúen más próximas a lo largo de la línea de
siembra.
De ese modo, admitiendo la situación anterior con
soya donde las plantas están a una distancia de
8,9cm a lo largo de la línea, y comparando con una
situación donde haga una corrección del 20% en el
número de semillas a ser sembradas en función de una
germinación del 100%, se colocarían 300.000
semillas/ha, lo que resultaría en una distancia
entre semillas de 7,4cm.
En esa situación, tendríamos plantas más agrupadas
donde no ocurrirían fallas de establecimiento y
múltiples espacios sin plantas en aquellos puntos
donde las semillas fallen en establecer una planta.
Esas plantas más próximas estarían sujetas a un
mayor grado de competencia entre sí, lo que
implicaría una reducción en el rendimiento de granos
de cada una de ellas y en espacios sin plantas.
No obstante la plasticidad del cultivo de la soya,
haciendo que las plantas adyacentes a los espacios
sin plantas tiendan a ocupar ese espacio, resulta
imposible compensar íntegramente ese espacio sin
planta, ocurriendo así la reducción en el
rendimiento de granos por hectárea.
En el cultivo del maíz, debido al uso de poblaciones
más bajas y, consecuentemente, plantas más distantes
a lo largo de la línea y a la baja plasticidad de
dichas plantas, esos efectos son mayores, así como
las reducciones en el rendimiento de granos por
superficie.
Con la elevación del nivel tecnológico de los
cultivos y de las productividades, se vuelven más
importantes los factores de manejo del cultivo.
Cuanto más baja es la calidad de las semillas,
mayores se tornan las correcciones en el número de
semillas a ser sembradas y la consecuente reducción
en la distancia entre ellas, con el agravamiento de
los factores de competencia. Por otro lado, cuanto
más adversas son las condiciones por siembra, mayor
es el número de semillas que no resultan en plantas,
lo que quiere decir espacios sin plantas en la línea
de siembra. Está más que comprobado que cuanto más
baja sea la calidad de un lote de semillas, más
sensible se presenta a los factores adversos en la
siembra, aumentando mucho el número de semillas que
no resultan en plantas y, en consecuencia, el número
de fallas en la línea. Varios trabajos científicos
indican que el uso de semillas de menor calidad
provoca el agrupamiento de plantas y el aumento en
el número de fallas y en el tamaño de esas fallas.
Es decir, se presentan mayor número de espacios con
dos, tres y hasta cuatro o cinco semillas que no
producirán plantas. Los lotes de menor calidad
presentan también menor homogeneidad en términos de
distribución de semillas vivas y muertas en la
población.
Se acostumbra ilustrar el efecto de la calidad de
las semillas en el proceso de siembra enfatizando
que 100kg de semillas con el 100% de germinación no
son iguales a 200kg de semillas con 50% de
germinación. En la primera situación, tendremos un
mejor establecimiento con una distribución uniforme
de las semillas.
Clasificación de las semillas
Las empresas de semillas de maíz, hace ya muchos
años, percibieron que la uniformidad del tamaño y
forma de la semilla proporciona un menor número de
fallas y de plantas dúo en la línea de siembra. De
ese modo, ponen a disposición del agricultor dos
formatos de semillas: las planas y las redondas, y
varios tamaños, de acuerdo al largo y al espesor de
dichas semillas.. Es normal que las empresas
semilleras de maíz coloquen en el mercado hasta ocho
diferentes tamaños.
Entre las especies, las semillas de maíz son las que
prácticamente presentan mayor amplitud de tamaño y
forma entre las semillas dentro de un mismo lote.
Sin embargo, hay también otras especies que también
presentan una gran diferencia entre los tamaños de
sus semillas en un mismo lote, como es el caso de la
soya.
En el Brasil, más del 90% de la semilla comercial de
soya se clasifica en dos o tres tamaños, de acuerdo
con el espesor, uniformizando así las semillas
dentro de un mismo lote. Con esa estrategia, las
empresas de semillas de soya ponen a disposición del
agricultor un tamaño más uniforme de semillas y. con
ello, se minimiza la ocurrencia de fallas y plantas
dúo que afectan la productividad o el costo del
cultivo, respectivamente.
Plantabilidad
Las empresas semilleras, conscientes de la
importancia de la clasificación de las semillas para
optimizar la producción, cuentan en su proceso de
control de calidad con el test de plantabilidad para
todos los lotes de semillas recién beneficiados, en
el que se determina el número de fallas y dúos por
cada 100 metros de siembra. De esta manera, es común
que las empresas adopten como norma que todo lote
que presente más del 3% de fallas o 6% de dúos, en
el caso de semillas de maíz, será vuelto a pasar a
proceso de clasificación de semillas. Se estima
entre 5 y 10% la necesidad de esta acción en lotes
de semillas que presentan problemas de plantabilidad.
En soya, el problema de alto índice de fallas y dúos
ha sido superior al del maíz, debido al proceso de
clasificación de las semillas en sí, pues en maíz,
el sistema de clasificación es más preciso. Como se
ha comentado anteriormente, las plantas de soya
poseen mayor plasticidad que las de maíz. Por ello,
la tolerancia a fallas es mayor que en el maíz.
El test de plantabilidad utilizado por las empresas
semilleras de maíz y soya demuestran sensiblemente
que las fallas y dúos afectan a las ganancias del
agricultor. Las fallas, afectando el rendimiento del
cultivo, y los dúos, por la sobre siembra con un
gasto superior al necesario. La industria de
semillas está de parabienes, pues con un agricultor
más eficiente, se benefician todos los componentes
de la cadena del agronegocio.
Polímeros
Las semillas necesitan estar en movimiento para una
adecuada siembra; en ese sentido, algunos productos
son utilizados para que el movimiento sea lo más
fluido posible. Las semillas desnudas o aquellas
tratadas con algunos productos químicos, tienden
muchas veces a presentar problemas de fluidez
ocasionando fallas y dúos en gran cantidad. Es común
en el momento de la siembra que el agricultor
designe a una persona para observar permanentemente
cómo está ocurriendo la fluidez de las semillas en
la caja de la sembradora.
De esta forma, en el contexto actual en el que las
semillas son tratadas con fungicidas, insecticidas y
muchas veces también con otros productos, como
micronutrientes e inoculantes, se presenta la
necesidad de colocar un polímero o incluso, grafito
para garantizar la fluidez de las semillas en la
caja de la sembradora. Los polímeros poseen otras
importantes funciones en el proceso de coating de
las semillas, que no son objeto de este tema.
La industria de semillas de
maíz, y más recientemente, la de soya, buscan
colocar en el mercado lotes de semillas que
propicien pocas fallas y/o dúos en la línea de
siembra. Para ello, utilizan alta tecnología de
producción y beneficiado de semillas, involucrando
incluso productos de coating. La tecnología de
producción resulta en la obtención de lotes de
semillas de alta calidad fisiológica para minimizar
el problema de la distribución de las plantas;
mientras que el beneficiado se refiere a la
clasificación de las semillas de cuerdo a su
longitud, espesor y anchura, para facilitar el
proceso de siembra; y, por otro lado, los productos
colocados en la semilla buscan una mejor fluidez de
las semillas en la caja de la sembradora, que son
los polímeros (que cumplen también otras funciones)
y el grafito. La percepción de los agricultores d
que las fallas afectan sus ganancias es un incentivo
para que las empresas semilleras coloquen a
disposición del agricultor, lotes de semillas
preparados para facilitar su trabajo. |